jueves, 9 de diciembre de 2010

Crisis existencial del PAN

Aunque el relevo en la dirección panista se saldó con sobresaltos llevaderos, la reunión del consejo nacional que eligió a Gustavo Madero y algunos hechos previos y posteriores dan cuenta de una crisis profunda, la que, hace muchos años, antes de que se propusiera ser a como diera lugar presidente de México, Felipe Calderón implicó que ocurriría si al ganar el gobierno los panistas perdían su partido. En los hechos el dilema se resolvió con una doble pérdida, pues no ejercen el gobierno ni mantienen la esencia de su organización.

Enorgullecíó al PAN durante largo tiempo la convicción, no lejana del fariseismo (el que da gracias a Dios por no ser como los otros), de su diferencia ética con el PRI, que fue su referente, el modo de ser al que no querían asemejarse de ninguna manera. El manejo del Revolucionario institucional por el Presidente de la república, por ejemplo, la sujeción del partido oficial al jefe del Estado era inadmisible. Y sin embargo, el PAN es dirigido hoy desde Los Pinos, como siempre.

Calderón nombró sin embozo a dos presidentes de su partido, a dedo, como en los viejos tiempos. Lo hizo también el sábado cuatro en la figura de Gustavo Madero, aunque en este caso jugó con dos cartas, para simular una contienda cuya mera apariencia quedó clara apenas se percibió que los consejeros adheridos al Presidente forman una amplia mayoría (los 129 que votaron por el triunfador y los 121 que lo hicieron por el candidato alterno, Roberto Gil). Se consolidó así la subordinación del partido a una sola voluntad, la del Presidente, cuya esposa quedó a cargo de supervisar en los hechos la consumación del designio.

A Manuel Espino le fue impedida la entrada a la reunión del consejo nacional, y se le puso en la deplorable situación de que lo echaran de la sede partidista empleados que hasta hace apenas tres años estuvieron a sus órdenes. No es el primer dirigente nacional que sale del PAN. Sí es el primero en ser expulsado. Su caso no estaba cerrado el sábado cuando sufrió esa vejación, pero se le obligó a asumir un hecho consumado, allí, en el partido de los abogados que todo los remitían al cumplimiento estricto de la ley. El partido, que poseía una notable capacidad de reflexión y discusión, no ha practicado una introspección que le permita averiguar por qué José González Torres, Efraín González Morfín, Manuel González Hinojosa, Pablo Emilio Madero y Carlos Castillo Peraza, que lo encabezaron (y tres de ellos fueron candidatos presidenciales) decidieron salir de sus filas. Algo debe haber perdido una organización que resulta repudiada al grado del abandono por quienes le dieron rumbo en por lo menos una cuarta parte de su existencia.

Esa fuga de corazones (órgano en este caso más sensible que el cerebro) quizá resulte de que el patrimonio ético del PAN ha sido dilapidado en el afán de llegar a la presidencia de la república y mantenerse en ella. El primero de diciembre corroboró esa pérdida el ex presidente Vicente Fox, quien sin ambages reconoció que puso el peso de su cargo para hacer que su partido se mantuviera en la Presidencia. El conductor del programa noticioso principal del Instituto mexicano de la radio, Mario Campos, entrevistó a Fox con motivo del décimo aniversario de su ingreso a Los Pinos. El periodista propuso explícitamente al ex presidente si había cargado los dados a favor de Calderón, y Fox admitió campanudamente haberlo hecho.

Se sabe que lo hizo. Lo expuso la timorata declaratoria de presidente electo extendida a Calderón por el Tribunal electoral del poder judicial de la Federación. Los magistrados de la sala superior se refirieron sólo a declaraciones de Fox, no a otros hechos sustantivos, y concluyeron que sus palabras “se constituyeron en un riesgo para la validez de los comicios”, pero no las descalificaron por entero, ya que en su opinión “no fueron determinantes para el resultado final”.

Otro es el juicio que el propio Fox mantiene sobre su intervención ilegal e ilegítima en los comicios de 2006. Apenas dos meses después de entregar la presidencia a Calderón, en febrero de 2007, Fox reconoció que había intentado descarrilar la candidatura de Andrés Manuel López Obrador mediante el desafuero, momento en que reconoce haber perdido, pero “18 meses después me desquité cuando ganó mi candidato”. En uno y otro momento Fox actuó al margen de la ley.

No es insólito que lo hiciera y además se ufane de ello. Él mismo llegó a la Presidencia de la república en amplia medida a través de una colosal infracción a las reglas electorales. No se ha puesto atención a esa grave circunstancia, porque afea la prodigiosa hazaña de haber derrotado al PRI por primera vez en una elección presidencial. La verdad es que, si no existiera en la legislación electoral una incomprensible desconexión entre los medios y el fin, Fox no debía haber llegado a Los Pinos. O debió irse cuando el Instituto Federal Electoral y el tribunal correspondiente probaron que su campaña se alimentó con un abundante financiamiento irregular, el que provino de los Amigos de Fox. El PAN y su entonces aliado el Partido Verde tuvieron que pagar una multimillonaria multa por haber faltado a la legalidad, pero fue una erogación que al menos los panistas pagaron con satisfacción porque no puso en cuestión el poder presidencial mismo. El fin justifica los medios, se ha llegado a decir para racionalizar esa trampa. Ese comportamiento, contrario a la ética humanista y cristiana del PAN es componente de su crisis.

miércoles, 8 de diciembre de 2010


Matar al mensajero

Julian Assanges, el joven director de WikieLeaks (o jefe de redacción, como él se presenta, en un intento de disminuir su presencia personal en un proyecto colectivo) amaneció esta mañana en una prisión londinense. El Gobierno sueco solicita su extradición y le fue negada la libertad provisional hasta que se resuelva el pedido de Estocolmo. Los delitos de que se le acusa conciernen a su vida personalísima: violación, acoso sexual y coerción, y el periodista australiano debe encarar su responsabilidad. Pero el que las conductas que se le achacan hubieran ocurrido en agosto y se le requiera en diciembre, cuando se halla en el centro de una tormenta de alcance mundial obligan a pensar que una motivación política induce su captura . En otra circunstancia sería exigible que una figura pública como él volviera a Suecia y resolviera de frente sus diferencias con las personas que lo acusan, con las que Assange asegura haber tenido una relación adulta, convenida, es decir con el consentimiento de ellas, que también admiten el consenso salvo en lo que hace a sus reticencias cuando Assanges quiso continuar el trato sexual sin contar con la protección debida.

El protagonista del más vasto escándalo político mundial teme que de Estocolmo, si la justicia británica acepta extraditarlo, se le conduzca a los Estados Unidos, donde se ha creado un ambiente extremadamente hostil en contra suya. La más rabiosa derecha norteamericana lo detesta en mayor medida aún que el Gobierno de Washington, y con la irracionalidad que es propia de esa posición ideológica propone que se le asesine: no que se le aplique la pena de muerte, después de un proceso, sino simple y llanamente que se le arrebate la vida, que un sicario o un desquiciado movido por la idea patriótica que anima a Sara Paley, la fundadora de ese Yunque norteamericano que es el Tea Party, lo balee en las calles como hizo Mark David Chapman a John Lennon hoy hace exactamente 30 años.

Arrestado como está en Londres y eventualmente sujeto a proceso, Assanges resulta un triunfador, porque al atraer sobre su persona las inquinas de los orígenes más diversos permite que la divulgación de documentos reservados continúe su curso. El papel de WikiLeaks se cumple así cabalmente. Su fundador atrae los rayos de la justicia y de las buenas conciencias, sin que se repare en que él no es la fuente de los documentos que ahora incomodan o inquietan a tantos, y tampoco es el eslabón final de la cadena para hacer conocer esos papeles. En buena hora, nadie ha movido un dedo para pretender que los periódicos donde desembocan las filtraciones dejen de hacerlo. Sería de ver que la justicia británica intente censurar a The Guardian, o la española a El País, o la de Alemania a Der Spiegel, o la francesa a Le Monde, o la de Estados Unidos a The New York Times.

En 1971, Daniel Ellsberg un funcionario del Departamento de Defensa norteamericano, percatado de las mentiras monumentales del Gobierno de Nixon para justificar su creciente participación en la Guerra de Vietnam, se jugó el todo por el todo y de manera anónima (sólo al cabo del tiempo sería descubierto) envió copia de un archivo completo sobre el tema a The Washington Post. Cuando este diario inició la publicación de “los papeles del Pentágono”, el Gobierno buscó impedir judicialmente que lo hiciera. Para evitar el silenciamiento otros diarios retomaron la publicación de esos documentos, que fue legitimada a la postre por una sentencia de la Suprema Corte de Justicia donde se lee esta frase que podría inscribirse en las salas de redacción (o lo que reste de ellas) de todo el mundo: “Sólo una prensa libre y sin restricciones puede exponer efectivamente los engaños del Gobierno”.

Un moderno Ellsberg, o varios émulos de ese personaje reunieron y copiaron la documentación gubernamental que tanto ha dado que decir, y la remitieron a WikieLeaks. Y los cuatro diarios y la revista mencionados la pusieron a disposición de los lectores, en una nueva demostración, digámoslo de refilón, de la potencia que conservan y mantendrán por mucho tiempo los medios impresos. Se cumplió así, en esos extremos, el propósito del australiano al fundar su sitio en la red: “proteger a denunciantes, periodistas y activistas que cuenten con información relevante y quieran comunicarla al público”.

WikiLeaks está lejos de ser un mero intermediario, indolente e ingenuo, que simplemente corre traslado de sus mensajes. Verifica su origen, pasa por un apretado cedazo la información contenida en los documentos y luego los da a conocer íntegramente. No lo dice de modo explícito pero es indudable que se abstiene de divulgar información confidencial, secreta, que pudiera poner en riesgo a una nación o a individuos en particular. Cuando más, lo que hace es desenmascararlos, cuando se revela el trasfondo de las relaciones diplomáticas, que suelen estar envueltas en el papel de seda del doble lenguaje.

La prisión (en Londres, Estocolmo o Washington) no acallará a Assange. Se le ha cercado obturando sus fuentes de financiamiento y aún sus depósitos bancarios, y negándole acceso al servidor que ha utilizado. Pero ya se aprestan otros muchos centros de difusión, que cuentan con copia de los documentos de marras, a propagar el contenido de esos papeles. Su diseminación no afecta tanto al Gobierno de Washington (al que sí exhibió la difusión en julio de la cifra de bajas civiles en Afganistán) como a los gobiernos ante los cuales actúan los diplomáticos desenmascarados.

martes, 7 de diciembre de 2010


Jesús Ortega, ilegal

Hace un año, el Congreso Nacional del Partido de la Revolución Democrática, que intentó en vano refundar a esa organización, determinó acortar el periodo en que Jesús Ortega sería presidente. En vez de concluir sus funciones en marzo, lo haría el cinco de diciembre. Le cuadrara o no esa decisión, Ortega se había avenido a acatarla. Pero el resultado de su estrategia electoral, las alianzas con el PAN en media docena de entidades, en tres de las cuales triunfó la coalición correspondiente le insufló nuevo aliento y resolvió mantenerse en su cargo hasta marzo próximo. Eso le permitirá no sólo conducir el proceso electoral de Guerrero y Baja California Sur, que están en curso, sino también el de Nayarit y sobre todo el del estado de México.

Sus opositores, sin embargo, aunque no pueden impedirlo conforme a la legalidad interna del partido, porque carecen de los votos suficientes en el consejo nacional, no están dispuestos a someterse a la voluntad de Ortega. Quieren que se vaya, inmediatamente. Por lo pronto, el domingo lo declararon presidente ilegal, espurio, a partir de la medianoche. Avisaron, además, que tomarían físicamente la sede del partido, hasta que se restaure la legalidad interna. También anunciaron que acudirán al Instituto Federal Electoral para solicitarle que tome nota de la infracción en que incurre Ortega y de su deposición. Difícilmente resolverán por esa vía sus diferencias. Por tratarse de un asunto claramente litigioso, después de exponerlo ante la Comisión de Garantías, el tribunal interno del partido, tendrían que acudir a la justicia electoral federal. Pero ese es un extremo al que no parecen dispuestos a llegar, porque no reconocen imparcialidad al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

La actual fase de la crisis perredista, que va de tumbo en tumbo, se originó en marzo de 2008, cuando la elección entre Ortega y Alejandro Encinas no pudo culminar con un resultado admitido por todos. Al contrario, en el largo proceso postelectoral quedó claro que hubo irregularidades de una y de otra parte. Por ello, cuando el caso llegó al Trife, lo esperable era que se declarara inválida la elección a efecto de que los órganos internos convocaran a un nuevo proceso. Pero la Sala Superior del Trife decidió que Ortega había ganado y lo impuso en la presidencia. El prolongado litigio concluyó en noviembre de 2008, y seguiría por vías políticas hasta este momento de no ser que la elección de candidatos a diputados, el año pasado, permitió que Encinas obtuviera alguna compensación. Es ahora el coordinador de los diputados perredistas, desde donde mantiene una fría y mínima relación con el mando del partido.

Las corrientes antagónicas a Nueva Izquierda no dieron por concluido el episodio y aprovecharon la derrota del PRD en los comicios federales del año pasado y la debilidad del liderazgo que ese resultado reveló, para canjear, durante el congreso decembrino, su aprobación a reformas que se pretendían sirvieran para refundar el partido, a cambio de que se abreviara el término para el cual habían sido elegidos Ortega y la secretaria general, Hortensia Aragón. En febrero siguiente, ya en este año, el consejo político nacional formalizó aquel acuerdo del Congreso y con el avenimiento de Nueva Izquierda y sus aliados se fijó indudablemente el cinco de diciembre como fecha para una nueva elección. No la hubo, pero los adversarios de Ortega interpretan que éste debió marcharse anteayer.

A la fragilidad de Ortega en 2009 contribuyó de modo central la actitud de López Obrador, que no reconoció la designación del dirigente principal por el Trife y prácticamente, salvo contados casos, abandonó el partido durante el proceso electoral del año pasado. Reforzó su posición y su desavenencia con Ortega un nuevo fallo del Tribunal Federal Electoral, el que privó de la candidatura a jefa delegacional de Iztapalapa a Clara Brugada. En un episodio muy conocido por sus aspectos chuscos y vergonzosos, pero menos estudiado respecto de las capacidades de movilización de López Obrador. El vasto agrupamiento que encabeza hizo que al día de hoy Brugada gobierne la más extensa y poblada de las 16 delegaciones del Distrito Federal.

El éxito electoral de López Obrador en 2009, del que resultó ganancioso el Partido del Trabajo, con el consiguiente perjuicio para el PRD, se trocó en un resultado contrario en julio pasado. Mientras que Ortega predicó y practicó una política de alianza contra el PRI, López Obrador la objetó y militó en su contra. Las victorias de la coalición maldita por el ex candidato presidencial en Sinaloa, Puebla y Oaxaca, y el desempeño de sus candidatos en Durango e Hidalgo, donde no está dicha la última palabra, fortalecieron a Ortega, que por eso resolvió no citar a elecciones y mantenerse en su cargo hasta marzo, cuando se cumplen tres años de su cuestionada elección.


Las dos grandes tendencias que dominan la escena perredista: la de Nueva Izquierda y sus aliados, y la de López Obrador (el grupo de ocho corrientes que desconocieron la presidencia de Ortega) están trabados en un enfrentamiento sin solución aparente. El comité encabezado por Ortega expulsó la semana pasada al senador Tomás Torres, porque apoyó en Zacatecas al candidato de Ricardo Monreal, es decir del PRI. Una infracción semejante, hacer propaganda por otro partido en contienda con el PRD, ha cometido López Obrador. Pero los “Chuchos” se suicidarían si pretendieran sacar del partido a su principal activo político.

lunes, 6 de diciembre de 2010


WikiLeaks en México

Pronto hará un año, dentro de 10 días exactamente, que un relevante jefe del narcotráfico, Arturo Beltrán Leyva, fue localizado y muerto en un violento enfrentamiento entre sus guardias e infantes de Marina. El delincuente vivía en un lujoso conjunto residencial en el centro de Cuernavaca, hasta donde llegaron los marinos, que al abrir fuego causaron varias víctimas ajenas a la maniobra. Ese mismo día la Armada de México explicó en un comunicado que esa “operación se llevó a cabo luego de una intensa labor de inteligencia realizada por personal de la Armada de México…”

Ahora sabemos que eso no es verdad, que la Marina usurpó un mérito ajeno. La investigación fue efectuada por personal norteamericano dependiente de la embajada. Inicialmente, la información respectiva se transmitió, porque así lo decidió la representación diplomática de Washington, a la Secretaría de la Defensa Nacional, para que el Ejército capturara al jefe mafioso. Sin embargo, los militares no tomaron en serio la pesquisa norteamericana o simplemente tardaron en ejecutar la detención. El embajador Carlos Pascual percibió lentitud, torpeza y aversión al riesgo en esa actitud y resolvió entregar su informe de inteligencia a la Armada, que actuó con rapidez, mediante un grupo de ataque entrenado años antes en el Comando Norte de los Estados Unidos. Quizá por eso la Armada merece elogios del embajador: su personal “está bien entrenado, bien equipado y ha mostrado su capacidad para responder con rapidez a las acciones de inteligencia”. En contraste, dice el embajador la Defensa nacional quedó “en la difícil posición de explicar por qué han sido reacios a actuar de manera inteligente y dirigir la operación contra objetivos de alto nivel. Nuestros servicios transmitieron la información originalmente a Sedena, que se negó a actuar con rapidez y reflejó una aversión al riesgo que ha costado a la institución una victoria principal contra el narcotráfico”.

El embajador Pascual remitió a Washington ese informe al día siguiente, el 17 de diciembre. Supongo que fue leído y luego depositado en un archivo virtual que contó entre los intervenidos por un operador anónimo que los sustrajo y, con muchos documentos más, hasta un total de 250 mil, fueron enviados a WikiLeaks, el portal de la transparencia en la era de la globalidad, un sitio abierto por Julian de Assens para recibir toda suerte de filtraciones que el propio portal pasa por diversos tamices antes de difundirlos, en esta ocasión a través de prestigiados medios de información de Estados Unidos y Europa. El voluminoso acervo incluye unos dos mil 600 papeles sobre México, de los cuales los diarios The Guardian y El País transmitieron el jueves pasado únicamente seis, los primeros. Se trata de unas cuantas páginas. Es temprano para calcular su efecto sobre las relaciones entre México y su vecino del norte, y sobre la vida política interior. Pero ya ahora mismo se avizoran consecuencias que anticipan una modificación en el cuadro de quienes mantienen la interlocución entre ambos países.

No necesariamente el embajador Pascual, aunque quizá lo incluya, pero es probable que el Departamento de Estado recomponga la integración de su embajada mexicana. Pascual mismo, y su segundo a bordo, John Feeley, difícilmente mantendrán su capacidad de convocatoria para hablar con funcionarios mexicanos. De cualquier ni él, incluido el presidente Calderón, los miembros del Gobierno no podrán sustraerse a la tentación de imaginar cómo se traducirá lo que hablen con esos diplomáticos, uno y otro, cuando ellos reporten sus conversaciones. Calcularán también el riesgo de que cuanto digan aparezca en cualquier momento en una filtración como la que llegado a WikiLeaks.

Más allá de los casos específicos y de la información detallada que ofrece esta media docena de papeles, en ellos se percibe cuán estrecho es el margen de soberanía que conserva el Gobierno mexicano en su estrategia de seguridad pública. Desde que llegó el año pasado, precedido por su fama de experto en el análisis de Estados fallidos, el embajador Pascual ha avanzado en su papel en esa materia. Nos ha asombrado su posición de supervisor de las acciones gubernamentales en esa materia. Ahora sabemos de fijo, salvo que mienta a sus superiores, caso en el que también se invalidaría como interlocutor, que no sólo supervisa sino también toma decisiones y las hace ejecutar. En su oficina se escogió a la corporación que debía capturar a Beltrán Leyva, al parecer sin intervención alguna de autoridad mexicana, como si el personal norteamericano actuara en su propio territorio.

El presidente Calderón quedó también pillado en las revelaciones que hemos de seguir examinando. En octubre de 2009 recibió al entonces director nacional de inteligencia Denis Blair, el mismo que meses después fue despedido o renunció en un gesto de pundonor por su ineficacia en un episodio de terrorismo fallido en Nueva York. De manera impropia, el Presidente mexicano, según el reporte del propio Blair abordó asuntos de política mexicana, como las aportaciones que el Gobierno venezolano hizo, probablemente según su propio cálculo, a la campaña presidencial del PRD en 2006. Aunque no fue mencionado por su nombre, Andrés Manuel López Obrador saltó de inmediato en demanda de pruebas en un asunto que le concierne. El otro involucrado, el presidente Hugo Chávez, quizá tuvo ocasión de aclarar las cosas a Calderón, este fin de semana en Mar del Plata.

jueves, 2 de diciembre de 2010


Oaxaca

Ayer tomaron posesión los gobernadores de Aguascalientes, Oaxaca y Veracruz elegidos el cuatro de julio pasado. El senador Carlos Lozano de la Torre recuperó para el PRI el Gobierno hidrocálido, después de doce años de panismo, si bien los últimos seis estuvieron marcados por una administración ambigua, más inclinada al tricolor que al partido que llevó a Gobierno a Luis Armando Reynoso Femat, expulsado del PAN precisamente por embatir contra Martín Orozco, el candidato blanquiazul que aspiraba a sucederlo. Aunque Lozano de la Torre -miembro en el Senado del grupo más próximo a Manlio Fabio Beltrones- padeció unos días de incertidumbre porque la justicia electoral puso en duda la claridad de su elección, asumió una responsabilidad mayor que la municipal que no pudo lograr en 2007.

En Veracruz el PRI mantuvo el Gobierno, y Fidel Herrera, el gobernador saliente, salió avante en su decisión de que Javier Duarte lo reemplazara, seguro de que le guardará la fidelidad en cuyas manifestaciones no es omiso sino al contrario. Además del dinero público que sin límites ofreció Herrera a los operadores de la campaña de Duarte, y a éste mismo (y a otros candidatos, a alcaldías y diputaciones), un factor que contó en su provecho fue la división interna del PAN. En compensación a su resuelta oposición a que Miguel Ángel Yunes fuera el candidato panista, porque carecía de los méritos partidarios para serlo y, al contrario, avergonzaba al PAN, Gerardo Buganza será el número dos de la Administración de Duarte, como Secretario de Gobierno. No es remoto que su permanencia allí sea breve, y esté sólo destinada a poner el último clavo en el ataúd de Yunes Linares, muerto para la política local (por lo menos personalmente, ya que sus hijos herederán su presencia y influencia aunque sea menguada).

Debido a su cercanía y afinidad con sus antecesores, los nuevos gobernadores de Aguascalientes y de Veracruz contaron con ellos en la ceremonia de su asunción. No ocurrió lo mismo en Oaxaca, donde el gobernador saliente Ulises Ruiz, prefirió practicar el principio filosófico que reza: “más vale que digan aquí corrió que aquí quedó”, y se ausentó de un acto donde sería mal visto y mal recibido por una legislatura que le es hostil, aunque en mucho menor medida en que él lo fue contra algunos de sus componentes, como Flavio Sosa, ahora diputado y a quien, con la complicidad del Gobierno federal Ruiz mantuvo preso en un penal de alta seguridad como si el activismo político pacífico fue un delito de alta peligrosidad.

Ruiz no tendría cara con qué presentarse a un acto cuyo origen y naturaleza son antitéticos con los suyos. En 2004, el gobernador que ahora lo sucede, Gabino Cué fue derrotado con malas artes por Ruiz mismo y su entonces contlapache José Murat, al que acaba de expulsar del PRI, como muestra de la descomposición de los grupos que dominan ese partido en el último decenio. Pero ahora Cué tomó posesión, victorioso sobre su adversario porque los mecanismos de control, de represión y de compra e inducción al voto resultaron insuficientes ante el reclamo generalizado, que una vasta alianza de partidos pudo organizar y convertir en votos, tantos que fue imposible impedirlos u ocultarlos.

No ha sido esta la primera derrota de Ulises Ruiz, aunque a diferencia de las anteriores, de esta no podrá levantarse. En 1999 encabezó la campaña de Roberto Madrazo en la contienda interna por la candidatura presidencial del PRI. No obstante el destino adverso que compartió con el Gobernador tabasqueño, la autonomía de los gobernadores priístas, ganada con la pérdida de la Presidencia favoreció su afán de mandar en Oaxaca, auspiciado por su amigo José Murat, con quien después rompió al punto de hacerlo expulsar del PRI, ya de últimas, el sábado pasado. En 2006, el comienzo de la rebelión civil en su contra lo sorprendió ocupado en la campaña presidencial de Madrazo. La estrepitosa caída de éste hubiera conllevado la de su principal operador, que estaba crecientemente en apuros, de no ser porque prosperó la extorsión a que Ulises sometió al Gobierno federal. Sugirió que podría unirse a la protesta de Andrés Manuel López Obrador por el fraude electoral, cuya última fase se procesaba entonces, y hasta ofrecerle el territorio oaxaqueño como zona de resguardo. Concitó de inmediato la atención de Fox y su secretario de Gobernación Carlos Abascal que, de buena o de mala gana, decidieron no dejarlo solo ante el hervor popular que bullía en las calles oaxaqueñas. De diversos modos, incluido el ruin de aprehender a los opositores al Gobernador y enviarlos, a la usanza porfirista, a ergástulas remotas, y sobre todo con la presencia de la Policía Federal, Ruiz frustró el propósito popular de echarlo del Gobierno. En cierto modo, sin embargo, ese objetivo se logró en julio pasado, cuando él mismo y su candidato fueron derrotados por la movilización ciudadana organizada.

Ruiz deja detrás de sí una negra herencia. La pobreza sigue siendo el dato de identidad de las comunidades oaxaqueñas, especialmente las indígenas. Se dirá que no está al alcance de una sola persona, de un Gobierno, en seis años, superar un lastre secular. Pero Ruiz contó para combatir la miseria de los suyos con recursos multimillonarios, que se perdieron en el barril sin fondo de la ineficiencia y de la corrupción. Por si no bastara, a esa abulia inescrupulosa Ulises Ruiz agregó la impunidad a la violencia contra sus opositores y la practicada por agentes de la autoridad. Por eso no pudo dar la cara ayer.


miércoles, 1 de diciembre de 2010


10 años son nada...

Sí, hoy se cumplen cuatro años de Gobierno panista.

Seis años de Fox que fueron una eternidad o sólo un suspiro, Sahagún el cristal con que se mire (“Cada quien habla de la feria, Sahagún le va en ella”).

Cuatro años de Calderón, que para muchos han sido un siglo, para otro varios Centenarios (Marca de tequila, pues) Para unos, también, un suspiro, para muchos más un expiro.

Don Vicente, recordemos, inició su discurso de toma de posesión con saludo inédito:

“¡Hola, Cristina, hola Vicentillo, hola Paulina”

Y hasta después:

“Honorable Congreso de la Unión.
Pudo haber dicho, simplemente:

“¡Hijos...y jijos!”

Sexenio folclórico desde el arranque. Ese 1 de diciembre bajó del balcón de Palacio a la plancha del Zócalo para cantar con Mijares. El mismo Mijares a quien Lucero no llevó a la boda de Peña Nieto, para que usted vea lo efímera que es la gloria, política o artística.

Como don Vicente no daba la talla, muchas veces se pensó que Vicente tiraría la toalla, pero lo pensó mejor. Porque el juego de toallas le costó más de 5 mil pesos, según se reveló a temprana hora del sexenio.

Construcción en Los Pinos de cabañitas “muy acogedoras”, revelación de Martita, todavía no señora Marta. Boda en la residencia presidencial, noticia que nos dio el entonces presidente español, José María Aznar. Y es que a la cena de Estado iba a llegar Aznar acompañado por la señora Botella y Fox decidió tener también su casquito no retornable.

Fox, repartiendo bendiciones, gobernó con el favor de Dios y Martita con vestidos de Dior.

Sexenio de frases célebres- “¿Y yo por qué’”- y de descubrimiento de celebridades- el escritor “José Luis Borgues”-

Botas de charol en el Palacio Real de Madrid, sopa de brócoli para Bush en el rancho (Le cayó tan mal, que ese mismo día ordenó el primer bombardeo a Iraq).

Metidas de pata: las lavadoras de dos ídems. Los “engañados como viles chinos”. “Los mexicanos que desempeñan en Estados Unidos trabajos que ni los negros aceptan” (Antes de la llegada de Obama al poder, claro)

Fox, el congruente: fue empresario precoz, candidato procaz y Presidente Prozac.

Pero no hay mal que dure siete años.

En 2006 regresó Vicente al rancho, de donde nunca debió haber salido, rancho ahora convertido en Centro Fox con biblioteca subterránea (Como están mejor los libros es enterrados)

Y aún no dejaban de sonar “Las Golondrinas” cuando se escuchó el corrido de “El hijo desobediente”. En honor de Felipe, ya Presidente, el que aún joven decidió permanecer en el PAN, pese a la renuncia de papá.

Si Fox no fue a la guerra de Iraq, Calderón se la declaró al crimen organizado. El tiempo dirá cuál de los dos fue más inteligente.

Diez años son nada.

El PRI nos gobernó 70 años. ¿Nos faltan 60 años de panismo?

El tiempo lo dirá.

Una golondrina no hace verano, pero una Gaviota sí puede hacer Presidencia.

RRIINNGG!

-Bueno, el PRI....

-¿Es cierto, como dijo Calderón que “el pasado es pobreza, autoritarismo y corrupción”?

-Bueno, lo de pobreza y autoritarismo será por Lopez Portillo y Echeverría y lo de corrupción por Martita, ¿o no?

EPIGRILLO

Mala noticia, la neta:

relegan la Enciclomedia.

La educación no remedia

ya ni con motocicleta.



Una década, cuatro años

Hoy hace 10 años que asumió la Presidencia de la república el panista Vicente Fox, primer candidato de un partido diferente al PRI que fue elegido titular del Poder Ejecutivo. Y hace cuatro que lo reemplazó Felipe Calderón, correligionario suyo, con cuyo periodo se integra una década de Gobierno encabezado por un miembro de Acción Nacional.

El fundador de ese partido, Manuel Gómez Morín prescribió: que no haya ilusos para que no haya desilusionados. Sólo quienes se figuraron que con la alternancia en sí misma, y con el ascenso del PAN al poder todo cambiaría como por ensalmo. Pueden sentirse decepcionados. No quienes supusimos, y la experiencia lo ha comprobado, que el PAN continuaría desde la Presidencia el contubernio que 10 años atrás había iniciado con el PRI cuando era un miembro suyo quien despachaba en Palacio Nacional.

Acción Nacional empezó a cogobernar con el partido oficial desde que convino en legitimar la elección de 1988. Carlos Castillo Peraza calificó el resultado de esa unión como una victoria electoral del panismo, pero en realidad fue la revelación ostensible, hasta ufana, del conservadurismo priísta, que a fuerza de hechos había quitado contenidos a la plenitud laica de la educación, a la separación entre la Iglesia y el Estado, al régimen comunitario de propiedad de la tierra. Con las reformas convenidas en Los Pinos entre Carlos Salinas y Diego Fernández de Cevallos sus partidos se miraron cara a cara y reconocieron su enorme parecido.

En el sexenio de Zedillo se intensificó el curso propedéutico para que el PAN aprendiera a gobernar. Un panista fue nombrado Procurador de la República, y juntos los legisladores de los partidos aprobaron el golpe de mano presidencial que desmanteló la Suprema Corte de Justicia y luego integraron el nuevo plantel del Tribunal Constitucional.

La naturalidad con que Zedillo admitió el advenimiento de la Presidencia panista nació de las identidades, ocultas todavía algunas, otras cada vez más evidentes, entre el modo de ser panista y la idiosincracia priísta. Por eso el sexenio de Fox prolongó los ejes de la acción pública concebidos y desplegados por los presidentes priístas. Se continuó la misma política económica, para asegurar lo cual fue designado el priísta Francisco Gil, que fue Subsecretario con la misma desenvoltura que ejerció como titular de la Secretaría de Hacienda. Si en 2003 se rompió el acuerdo para una reforma fiscal entre el Gobierno blanquiazul y la bancada priísta en San Lázaro, ello no obedeció a diferencias en los principios y las tesis rectoras, sino a que Roberto Madrazo encontró útil esa coyuntura para desembarazarse de Elba Esther Gordillo, siendo ambos capaces de cualquier pacto con el panismo.

Hubo asimismo continuidad y no ruptura donde hacía falta esta última: en la seguridad pública y la seguridad nacional. El personal de alto nivel en la Procuraduría General de la República y en los ministerios militares venía del antiguo régimen, y así continúa siendo hoy. En las materias que eran de esperarse distintas, propias de un régimen fundado en el humanismo cristiano, se practicó un priísmo descarnado. El mejor ejemplo fue la intromisión presidencial en las elecciones de 2006, que mostró como antidemócrata al partido que medró predicando los valores de la legalidad en la integración de los gobiernos.

En tal sentido, Felipe Calderón inició su Gobierno, antes del primero de diciembre de 2006, con un magno error, su negativa a que se abrieran los paquetes de la discutida elección presidencial. Ese rechazo fortaleció el alegato de quienes se sintieron y supieron víctimas de un fraude, cuya consumación hace cuatro años partió en dos a la sociedad participante, polarización que se extiende al día de hoy, y que será parte del legado político de la década panista en el poder.

La política económica de Calderón, continuación de la de Fox (también a cargo de un Secretario de Hacienda del antiguo régimen) es, por lo tanto, una política priísta. Lo prueba el permanente avenimiento que en el fondo mantienen las bancadas de los dos partidos mayores en el Congreso. Los desplantes y aún los sobresaltos que por momentos parecen caracterizar el diálogo entre legisladores panistas y priístas son infiernitos, juegos de pirotecnia para solaz del respetable, intriga de comedia mal urdida cuyo desenlace es conocido aún por el más desprevenido de los espectadores.

También los reproches recíprocos son parte de un guión (con acento, por favor), para disfrute de la porción desmemoriada de la sociedad. Al narcotráfico se le combatió y se le solapó en el régimen priísta de modo semejante al practicado por Fox y por Calderón, sólo que éste cometió la desmesura de sacar al Ejército a combatir el crimen organizado, pues no confió en la Policía Federal creada por los responsables de la seguridad pública de hoy. Que un funcionario como García Luna bogue con naturalidad en los mares priístas y panistas prueba que se trata de las mismas aguas.

La militarización del País, iniciada por Salinas y Zedillo, ante brotes de insurgencia armada que los desafiaron, fue ahondada por Calderón mediante un combate militar oneroso y fallido al crimen organizado. Su dogmática proclama: no hay más ruta que la mía para garantizar a los mexicanos la tranquilidad a que tienen derecho, no nace de una convicción, sino que expresó su necesidad de contar con un sustento político que reforzara el que el PRI le ha provisto con largueza aunque no sin costos.