lunes, 6 de diciembre de 2010


WikiLeaks en México

Pronto hará un año, dentro de 10 días exactamente, que un relevante jefe del narcotráfico, Arturo Beltrán Leyva, fue localizado y muerto en un violento enfrentamiento entre sus guardias e infantes de Marina. El delincuente vivía en un lujoso conjunto residencial en el centro de Cuernavaca, hasta donde llegaron los marinos, que al abrir fuego causaron varias víctimas ajenas a la maniobra. Ese mismo día la Armada de México explicó en un comunicado que esa “operación se llevó a cabo luego de una intensa labor de inteligencia realizada por personal de la Armada de México…”

Ahora sabemos que eso no es verdad, que la Marina usurpó un mérito ajeno. La investigación fue efectuada por personal norteamericano dependiente de la embajada. Inicialmente, la información respectiva se transmitió, porque así lo decidió la representación diplomática de Washington, a la Secretaría de la Defensa Nacional, para que el Ejército capturara al jefe mafioso. Sin embargo, los militares no tomaron en serio la pesquisa norteamericana o simplemente tardaron en ejecutar la detención. El embajador Carlos Pascual percibió lentitud, torpeza y aversión al riesgo en esa actitud y resolvió entregar su informe de inteligencia a la Armada, que actuó con rapidez, mediante un grupo de ataque entrenado años antes en el Comando Norte de los Estados Unidos. Quizá por eso la Armada merece elogios del embajador: su personal “está bien entrenado, bien equipado y ha mostrado su capacidad para responder con rapidez a las acciones de inteligencia”. En contraste, dice el embajador la Defensa nacional quedó “en la difícil posición de explicar por qué han sido reacios a actuar de manera inteligente y dirigir la operación contra objetivos de alto nivel. Nuestros servicios transmitieron la información originalmente a Sedena, que se negó a actuar con rapidez y reflejó una aversión al riesgo que ha costado a la institución una victoria principal contra el narcotráfico”.

El embajador Pascual remitió a Washington ese informe al día siguiente, el 17 de diciembre. Supongo que fue leído y luego depositado en un archivo virtual que contó entre los intervenidos por un operador anónimo que los sustrajo y, con muchos documentos más, hasta un total de 250 mil, fueron enviados a WikiLeaks, el portal de la transparencia en la era de la globalidad, un sitio abierto por Julian de Assens para recibir toda suerte de filtraciones que el propio portal pasa por diversos tamices antes de difundirlos, en esta ocasión a través de prestigiados medios de información de Estados Unidos y Europa. El voluminoso acervo incluye unos dos mil 600 papeles sobre México, de los cuales los diarios The Guardian y El País transmitieron el jueves pasado únicamente seis, los primeros. Se trata de unas cuantas páginas. Es temprano para calcular su efecto sobre las relaciones entre México y su vecino del norte, y sobre la vida política interior. Pero ya ahora mismo se avizoran consecuencias que anticipan una modificación en el cuadro de quienes mantienen la interlocución entre ambos países.

No necesariamente el embajador Pascual, aunque quizá lo incluya, pero es probable que el Departamento de Estado recomponga la integración de su embajada mexicana. Pascual mismo, y su segundo a bordo, John Feeley, difícilmente mantendrán su capacidad de convocatoria para hablar con funcionarios mexicanos. De cualquier ni él, incluido el presidente Calderón, los miembros del Gobierno no podrán sustraerse a la tentación de imaginar cómo se traducirá lo que hablen con esos diplomáticos, uno y otro, cuando ellos reporten sus conversaciones. Calcularán también el riesgo de que cuanto digan aparezca en cualquier momento en una filtración como la que llegado a WikiLeaks.

Más allá de los casos específicos y de la información detallada que ofrece esta media docena de papeles, en ellos se percibe cuán estrecho es el margen de soberanía que conserva el Gobierno mexicano en su estrategia de seguridad pública. Desde que llegó el año pasado, precedido por su fama de experto en el análisis de Estados fallidos, el embajador Pascual ha avanzado en su papel en esa materia. Nos ha asombrado su posición de supervisor de las acciones gubernamentales en esa materia. Ahora sabemos de fijo, salvo que mienta a sus superiores, caso en el que también se invalidaría como interlocutor, que no sólo supervisa sino también toma decisiones y las hace ejecutar. En su oficina se escogió a la corporación que debía capturar a Beltrán Leyva, al parecer sin intervención alguna de autoridad mexicana, como si el personal norteamericano actuara en su propio territorio.

El presidente Calderón quedó también pillado en las revelaciones que hemos de seguir examinando. En octubre de 2009 recibió al entonces director nacional de inteligencia Denis Blair, el mismo que meses después fue despedido o renunció en un gesto de pundonor por su ineficacia en un episodio de terrorismo fallido en Nueva York. De manera impropia, el Presidente mexicano, según el reporte del propio Blair abordó asuntos de política mexicana, como las aportaciones que el Gobierno venezolano hizo, probablemente según su propio cálculo, a la campaña presidencial del PRD en 2006. Aunque no fue mencionado por su nombre, Andrés Manuel López Obrador saltó de inmediato en demanda de pruebas en un asunto que le concierne. El otro involucrado, el presidente Hugo Chávez, quizá tuvo ocasión de aclarar las cosas a Calderón, este fin de semana en Mar del Plata.

jueves, 2 de diciembre de 2010


Oaxaca

Ayer tomaron posesión los gobernadores de Aguascalientes, Oaxaca y Veracruz elegidos el cuatro de julio pasado. El senador Carlos Lozano de la Torre recuperó para el PRI el Gobierno hidrocálido, después de doce años de panismo, si bien los últimos seis estuvieron marcados por una administración ambigua, más inclinada al tricolor que al partido que llevó a Gobierno a Luis Armando Reynoso Femat, expulsado del PAN precisamente por embatir contra Martín Orozco, el candidato blanquiazul que aspiraba a sucederlo. Aunque Lozano de la Torre -miembro en el Senado del grupo más próximo a Manlio Fabio Beltrones- padeció unos días de incertidumbre porque la justicia electoral puso en duda la claridad de su elección, asumió una responsabilidad mayor que la municipal que no pudo lograr en 2007.

En Veracruz el PRI mantuvo el Gobierno, y Fidel Herrera, el gobernador saliente, salió avante en su decisión de que Javier Duarte lo reemplazara, seguro de que le guardará la fidelidad en cuyas manifestaciones no es omiso sino al contrario. Además del dinero público que sin límites ofreció Herrera a los operadores de la campaña de Duarte, y a éste mismo (y a otros candidatos, a alcaldías y diputaciones), un factor que contó en su provecho fue la división interna del PAN. En compensación a su resuelta oposición a que Miguel Ángel Yunes fuera el candidato panista, porque carecía de los méritos partidarios para serlo y, al contrario, avergonzaba al PAN, Gerardo Buganza será el número dos de la Administración de Duarte, como Secretario de Gobierno. No es remoto que su permanencia allí sea breve, y esté sólo destinada a poner el último clavo en el ataúd de Yunes Linares, muerto para la política local (por lo menos personalmente, ya que sus hijos herederán su presencia y influencia aunque sea menguada).

Debido a su cercanía y afinidad con sus antecesores, los nuevos gobernadores de Aguascalientes y de Veracruz contaron con ellos en la ceremonia de su asunción. No ocurrió lo mismo en Oaxaca, donde el gobernador saliente Ulises Ruiz, prefirió practicar el principio filosófico que reza: “más vale que digan aquí corrió que aquí quedó”, y se ausentó de un acto donde sería mal visto y mal recibido por una legislatura que le es hostil, aunque en mucho menor medida en que él lo fue contra algunos de sus componentes, como Flavio Sosa, ahora diputado y a quien, con la complicidad del Gobierno federal Ruiz mantuvo preso en un penal de alta seguridad como si el activismo político pacífico fue un delito de alta peligrosidad.

Ruiz no tendría cara con qué presentarse a un acto cuyo origen y naturaleza son antitéticos con los suyos. En 2004, el gobernador que ahora lo sucede, Gabino Cué fue derrotado con malas artes por Ruiz mismo y su entonces contlapache José Murat, al que acaba de expulsar del PRI, como muestra de la descomposición de los grupos que dominan ese partido en el último decenio. Pero ahora Cué tomó posesión, victorioso sobre su adversario porque los mecanismos de control, de represión y de compra e inducción al voto resultaron insuficientes ante el reclamo generalizado, que una vasta alianza de partidos pudo organizar y convertir en votos, tantos que fue imposible impedirlos u ocultarlos.

No ha sido esta la primera derrota de Ulises Ruiz, aunque a diferencia de las anteriores, de esta no podrá levantarse. En 1999 encabezó la campaña de Roberto Madrazo en la contienda interna por la candidatura presidencial del PRI. No obstante el destino adverso que compartió con el Gobernador tabasqueño, la autonomía de los gobernadores priístas, ganada con la pérdida de la Presidencia favoreció su afán de mandar en Oaxaca, auspiciado por su amigo José Murat, con quien después rompió al punto de hacerlo expulsar del PRI, ya de últimas, el sábado pasado. En 2006, el comienzo de la rebelión civil en su contra lo sorprendió ocupado en la campaña presidencial de Madrazo. La estrepitosa caída de éste hubiera conllevado la de su principal operador, que estaba crecientemente en apuros, de no ser porque prosperó la extorsión a que Ulises sometió al Gobierno federal. Sugirió que podría unirse a la protesta de Andrés Manuel López Obrador por el fraude electoral, cuya última fase se procesaba entonces, y hasta ofrecerle el territorio oaxaqueño como zona de resguardo. Concitó de inmediato la atención de Fox y su secretario de Gobernación Carlos Abascal que, de buena o de mala gana, decidieron no dejarlo solo ante el hervor popular que bullía en las calles oaxaqueñas. De diversos modos, incluido el ruin de aprehender a los opositores al Gobernador y enviarlos, a la usanza porfirista, a ergástulas remotas, y sobre todo con la presencia de la Policía Federal, Ruiz frustró el propósito popular de echarlo del Gobierno. En cierto modo, sin embargo, ese objetivo se logró en julio pasado, cuando él mismo y su candidato fueron derrotados por la movilización ciudadana organizada.

Ruiz deja detrás de sí una negra herencia. La pobreza sigue siendo el dato de identidad de las comunidades oaxaqueñas, especialmente las indígenas. Se dirá que no está al alcance de una sola persona, de un Gobierno, en seis años, superar un lastre secular. Pero Ruiz contó para combatir la miseria de los suyos con recursos multimillonarios, que se perdieron en el barril sin fondo de la ineficiencia y de la corrupción. Por si no bastara, a esa abulia inescrupulosa Ulises Ruiz agregó la impunidad a la violencia contra sus opositores y la practicada por agentes de la autoridad. Por eso no pudo dar la cara ayer.


miércoles, 1 de diciembre de 2010


10 años son nada...

Sí, hoy se cumplen cuatro años de Gobierno panista.

Seis años de Fox que fueron una eternidad o sólo un suspiro, Sahagún el cristal con que se mire (“Cada quien habla de la feria, Sahagún le va en ella”).

Cuatro años de Calderón, que para muchos han sido un siglo, para otro varios Centenarios (Marca de tequila, pues) Para unos, también, un suspiro, para muchos más un expiro.

Don Vicente, recordemos, inició su discurso de toma de posesión con saludo inédito:

“¡Hola, Cristina, hola Vicentillo, hola Paulina”

Y hasta después:

“Honorable Congreso de la Unión.
Pudo haber dicho, simplemente:

“¡Hijos...y jijos!”

Sexenio folclórico desde el arranque. Ese 1 de diciembre bajó del balcón de Palacio a la plancha del Zócalo para cantar con Mijares. El mismo Mijares a quien Lucero no llevó a la boda de Peña Nieto, para que usted vea lo efímera que es la gloria, política o artística.

Como don Vicente no daba la talla, muchas veces se pensó que Vicente tiraría la toalla, pero lo pensó mejor. Porque el juego de toallas le costó más de 5 mil pesos, según se reveló a temprana hora del sexenio.

Construcción en Los Pinos de cabañitas “muy acogedoras”, revelación de Martita, todavía no señora Marta. Boda en la residencia presidencial, noticia que nos dio el entonces presidente español, José María Aznar. Y es que a la cena de Estado iba a llegar Aznar acompañado por la señora Botella y Fox decidió tener también su casquito no retornable.

Fox, repartiendo bendiciones, gobernó con el favor de Dios y Martita con vestidos de Dior.

Sexenio de frases célebres- “¿Y yo por qué’”- y de descubrimiento de celebridades- el escritor “José Luis Borgues”-

Botas de charol en el Palacio Real de Madrid, sopa de brócoli para Bush en el rancho (Le cayó tan mal, que ese mismo día ordenó el primer bombardeo a Iraq).

Metidas de pata: las lavadoras de dos ídems. Los “engañados como viles chinos”. “Los mexicanos que desempeñan en Estados Unidos trabajos que ni los negros aceptan” (Antes de la llegada de Obama al poder, claro)

Fox, el congruente: fue empresario precoz, candidato procaz y Presidente Prozac.

Pero no hay mal que dure siete años.

En 2006 regresó Vicente al rancho, de donde nunca debió haber salido, rancho ahora convertido en Centro Fox con biblioteca subterránea (Como están mejor los libros es enterrados)

Y aún no dejaban de sonar “Las Golondrinas” cuando se escuchó el corrido de “El hijo desobediente”. En honor de Felipe, ya Presidente, el que aún joven decidió permanecer en el PAN, pese a la renuncia de papá.

Si Fox no fue a la guerra de Iraq, Calderón se la declaró al crimen organizado. El tiempo dirá cuál de los dos fue más inteligente.

Diez años son nada.

El PRI nos gobernó 70 años. ¿Nos faltan 60 años de panismo?

El tiempo lo dirá.

Una golondrina no hace verano, pero una Gaviota sí puede hacer Presidencia.

RRIINNGG!

-Bueno, el PRI....

-¿Es cierto, como dijo Calderón que “el pasado es pobreza, autoritarismo y corrupción”?

-Bueno, lo de pobreza y autoritarismo será por Lopez Portillo y Echeverría y lo de corrupción por Martita, ¿o no?

EPIGRILLO

Mala noticia, la neta:

relegan la Enciclomedia.

La educación no remedia

ya ni con motocicleta.



Una década, cuatro años

Hoy hace 10 años que asumió la Presidencia de la república el panista Vicente Fox, primer candidato de un partido diferente al PRI que fue elegido titular del Poder Ejecutivo. Y hace cuatro que lo reemplazó Felipe Calderón, correligionario suyo, con cuyo periodo se integra una década de Gobierno encabezado por un miembro de Acción Nacional.

El fundador de ese partido, Manuel Gómez Morín prescribió: que no haya ilusos para que no haya desilusionados. Sólo quienes se figuraron que con la alternancia en sí misma, y con el ascenso del PAN al poder todo cambiaría como por ensalmo. Pueden sentirse decepcionados. No quienes supusimos, y la experiencia lo ha comprobado, que el PAN continuaría desde la Presidencia el contubernio que 10 años atrás había iniciado con el PRI cuando era un miembro suyo quien despachaba en Palacio Nacional.

Acción Nacional empezó a cogobernar con el partido oficial desde que convino en legitimar la elección de 1988. Carlos Castillo Peraza calificó el resultado de esa unión como una victoria electoral del panismo, pero en realidad fue la revelación ostensible, hasta ufana, del conservadurismo priísta, que a fuerza de hechos había quitado contenidos a la plenitud laica de la educación, a la separación entre la Iglesia y el Estado, al régimen comunitario de propiedad de la tierra. Con las reformas convenidas en Los Pinos entre Carlos Salinas y Diego Fernández de Cevallos sus partidos se miraron cara a cara y reconocieron su enorme parecido.

En el sexenio de Zedillo se intensificó el curso propedéutico para que el PAN aprendiera a gobernar. Un panista fue nombrado Procurador de la República, y juntos los legisladores de los partidos aprobaron el golpe de mano presidencial que desmanteló la Suprema Corte de Justicia y luego integraron el nuevo plantel del Tribunal Constitucional.

La naturalidad con que Zedillo admitió el advenimiento de la Presidencia panista nació de las identidades, ocultas todavía algunas, otras cada vez más evidentes, entre el modo de ser panista y la idiosincracia priísta. Por eso el sexenio de Fox prolongó los ejes de la acción pública concebidos y desplegados por los presidentes priístas. Se continuó la misma política económica, para asegurar lo cual fue designado el priísta Francisco Gil, que fue Subsecretario con la misma desenvoltura que ejerció como titular de la Secretaría de Hacienda. Si en 2003 se rompió el acuerdo para una reforma fiscal entre el Gobierno blanquiazul y la bancada priísta en San Lázaro, ello no obedeció a diferencias en los principios y las tesis rectoras, sino a que Roberto Madrazo encontró útil esa coyuntura para desembarazarse de Elba Esther Gordillo, siendo ambos capaces de cualquier pacto con el panismo.

Hubo asimismo continuidad y no ruptura donde hacía falta esta última: en la seguridad pública y la seguridad nacional. El personal de alto nivel en la Procuraduría General de la República y en los ministerios militares venía del antiguo régimen, y así continúa siendo hoy. En las materias que eran de esperarse distintas, propias de un régimen fundado en el humanismo cristiano, se practicó un priísmo descarnado. El mejor ejemplo fue la intromisión presidencial en las elecciones de 2006, que mostró como antidemócrata al partido que medró predicando los valores de la legalidad en la integración de los gobiernos.

En tal sentido, Felipe Calderón inició su Gobierno, antes del primero de diciembre de 2006, con un magno error, su negativa a que se abrieran los paquetes de la discutida elección presidencial. Ese rechazo fortaleció el alegato de quienes se sintieron y supieron víctimas de un fraude, cuya consumación hace cuatro años partió en dos a la sociedad participante, polarización que se extiende al día de hoy, y que será parte del legado político de la década panista en el poder.

La política económica de Calderón, continuación de la de Fox (también a cargo de un Secretario de Hacienda del antiguo régimen) es, por lo tanto, una política priísta. Lo prueba el permanente avenimiento que en el fondo mantienen las bancadas de los dos partidos mayores en el Congreso. Los desplantes y aún los sobresaltos que por momentos parecen caracterizar el diálogo entre legisladores panistas y priístas son infiernitos, juegos de pirotecnia para solaz del respetable, intriga de comedia mal urdida cuyo desenlace es conocido aún por el más desprevenido de los espectadores.

También los reproches recíprocos son parte de un guión (con acento, por favor), para disfrute de la porción desmemoriada de la sociedad. Al narcotráfico se le combatió y se le solapó en el régimen priísta de modo semejante al practicado por Fox y por Calderón, sólo que éste cometió la desmesura de sacar al Ejército a combatir el crimen organizado, pues no confió en la Policía Federal creada por los responsables de la seguridad pública de hoy. Que un funcionario como García Luna bogue con naturalidad en los mares priístas y panistas prueba que se trata de las mismas aguas.

La militarización del País, iniciada por Salinas y Zedillo, ante brotes de insurgencia armada que los desafiaron, fue ahondada por Calderón mediante un combate militar oneroso y fallido al crimen organizado. Su dogmática proclama: no hay más ruta que la mía para garantizar a los mexicanos la tranquilidad a que tienen derecho, no nace de una convicción, sino que expresó su necesidad de contar con un sustento político que reforzara el que el PRI le ha provisto con largueza aunque no sin costos.


martes, 30 de noviembre de 2010


Flores: mal lector, peor líder

Propongo ser comprensivos con el diputado priísta Víctor Flores Morales, líder de los ferrocarrileros. La noche en que fue medida su velocidad de lectura, cuando se supo que lee como si fuera un educando de cuarto grado de primaria: sólo 103 palabras por minuto, el tema en que intervino lo saca de sus casillas, lo pone “nervioso”, como decimos. En todo caso, ser mal lector no es su peor defecto. Los jubilados de su gremio, y aun sus dirigidos en la actualidad suelen quejarse de algunos de sus más acentuados defectos, que tienen que ver con su afición al dinero ajeno y su necesidad de ostentar lo que hace con él.

Reforma midió intervenciones de diputados durante la discusión del presupuesto federal, y encontró que los legisladores leen tartajosamente, como escolares. Ya cerca del alba del 16 de noviembre tocó a Francisco Hernández Juárez, líder telefonista, diputado en la fracción del PRD, uno de los presidentes de la Unión Nacional de Trabajadores, abordar el tema cuya reserva había pedido horas antes. Pretendía que el presupuesto incluyera una partida de 3,500 millones de pesos para mitigar los quebrantos del fideicomiso para los jubilados ferrocarrileros, pues de lo contrario ese fondo puede quedarse sin recursos el año próximo. Apenas esbozaba la idea cuando Flores Morales pidió la palabra, dizque para hacer una pregunta al orador, en realidad con la pretención de que no abordara ese tema, que juzga de su exclusiva incumbencia, aunque en los hechos no sólo no haya hecho nada para asegurar las pensiones de los jubilados sino al contrario, habría dispuesto de fondos que con el mismo propósito generaron los trabajadores de Ferrocarriles Nacionales de México durante décadas, a partir de 1932 y hasta el aciago momento de la privatización ferroviaria, que se inició en 1997.

A pesar de su alegato, al que no tenía derecho pues ni siquiera se había formulado la iniciativa que haría Hernández Juárez, el dirigente de los telefonistas pudo completar su propuesta, que no obstante la delicadeza de sus términos fue desechada por mayoría. Ocurre que al ser vendidos los bienes de la empresa ferroviaria nacional, se dispuso la creación de un fideicomiso que asegurara la suerte de los jubilados, más de cincuenta y tres mil entonces. El fondo fue creado con trece mil quinientos millones de pesos, pero hoy cuenta con sólo seis mil, siendo que las obligaciones que debe enfrentar llegan a veintiún mil millones de pesos. El déficit de quince mil millones de pesos debe ser cubierto por el Estado, que garantizó al decretar la privatización el pago de las pensiones por jubilación. Hernández Juárez propuso, ya hemos dicho que sin éxito, que se dispusiera cubrir 3,500 millones de pesos para 2011 y siete pagos adicionales para cubrir el monto de las obligaciones.

Flores Morales lo increpó y, como cumple a su vocación zoológica, se trepó a la curul y desde allí alegó contra el líder antagónico. No es la primera vez que holla las butacas de la Cámara, pues no es la primera que se abordan allí cuestiones que lo ponen en entredicho y lo irritan. Es la tercera ocasión que llega a san Lázaro y cada vez ha roto el orden con sus malos modos. Pero no sólo eso: alguna vez amenazó directamente al diputado panista Javier Paz Zarza, quien dos días más tarde fue amagado en el estacionamiento de la Cámara por pistoleros enviados por el dirigente ferrocarrilero.

Aunque su curriculum asegura que es contador privado, Flores Morales no desempeñó nunca labores profesionales en esa rama en los FFCCNN. Era guardavía y pronto pudo dejar de trabajar porque se incorporó a la política sindical, primero en Veracruz, su tierra natal, en la sección 28, y luego en el ámbito nacional, a la sombra de su paisano Jorge Peralta, con quien fue ascendiendo en el escalafón sindical hasta ser elegido secretario nacional en 1995. Se mostró más que dispuesto, sometido en realidad, al plan privatizador del presidente Zedillo, una desastrosa operación que canceló el transporte ferroviario de pasajeros, medio de comunicación que prospera en los países civilizados, y entregó concesiones para el transporte de carga a tres empresas principales, propiedad de poderosos grupos económicos locales asociados a consorcios ferroviarias norteamericanas, como Kansas City Southern y Union Pacific Railroad. Este último es el aliado extranjero -del que Zedillo fue consejero- del Grupo México de la familia Larrea que, como el resto de los concesionarios está encantada con tener un sindicato encabezado por Flores.

Éste condicionó su apoyo a la privatización a la permanencia del sindicato (no de la totalidad del personal, en lo que fue sumamente flexible) y a la recontratación del personal por su conducto. Al efecto estableció 39 bolsas de trabajo (una en cada sección) que mediante una cuota extraoficial garantizó a un reducido número de trabajadores continuar en las nuevas empresas empleadoras.

Ese mecanismo fue muy lucrativo para Flores, pero al parecer lo fue más, salvo que se pruebe lo contrario, algo que no ha querido hacer, disponer de los fondos de la sociedad mutualista Previsión Obrera, cientos y quizá miles de millones que se diluyeron cuando el mecanismo previsor fue cancelado a la hora de la privatización. De cualquiera de esos orígenes -no de su propia pensión de 87 mil pesos mensuales, añadidos a su paga como líder- deriva la fortuna que ostenta: automóviles Mercedes Benz, Jaguar y Lincoln, y su casa en el puerto de donde es originario, de una manzana entera.

lunes, 29 de noviembre de 2010


José Álvarez Icaza Manero

En la primera hora del viernes pasado se extinguió la fructífera vida de José Álvarez Icaza Manero, protagonista de movilizaciones y experiencias pioneras en la sociedad civil mexicana. Desde el Centro Nacional de Comunicación Social, que fue su creatura, promovió los derechos humanos en una época en que aun la denominación de esas prerrogativas de las personas sonaba sólo a remota referencia a las declaraciones universales de la Revolución Francesa y de la Organización de Naciones Unidas. Fue un activista social y político, impulsado por su fe cristiana, de la que nunca abjuró y a la que, en cambio, inyecto vivencias nuevas en su contacto con las necesidades del México profundo.

Nacido en la Ciudad de México en 1921, se formó en escuelas católicas y en la Nacional de Ingenieros de la UNAM. En los años 50 participó en la cimentación de varias edificaciones de la Ciudad Universitaria, como el Estadio Olímpico y la Facultad de Medicina. Al casarse con Luz María Longoria Gama, fundó una familia típica de la clase media acomodada, con un proyecto de vida en donde la consolidación de un patrimonio familiar era imperativa. Pero en el caso de esa joven pareja una combinación de espiritualidad y sociabilidad cristiana los condujo a participar en el naciente Movimiento Familiar Cristiano, una de las organizaciones del apostolado seglar con que la Iglesia católica buscaba revitalizarse. Se les eligió para presidir esa agrupación y años más tarde su federación latinoamericana.

Su liderazgo adquirió otra dimensión cuando el ingeniero Álvarez Icaza fue invitado como “auditor laico” al Concilio Vaticano II que, convocado por el Papa Juan XXIII y concluido por su sucesor Paulo VI, reunió en Roma a los 2 mil 500 obispos de entonces, en un ensayo de colegialidad y renovación que no maduró en las décadas siguientes, menos aún cuando en 1978 fue elegido el Papa Juan Pablo II, el Obispo de Cracovia con el que Álvarez Icaza departía en los recesos de las sesiones conciliares. La magna asamblea episcopal, sin embargo, no fue estéril. Entre sus frutos emitió un decreto sobre los medios de comunicación social, de donde derivó la instalación en cada país de un Centro Nacional de Comunicación Social que fue confiado en México a Álvarez Icaza.

Aunque el objetivo de dicho centro (Cencos) era abrir la comunicación eclesiástica a los medios informativos, inevitablemente se convirtió en foco de reverberación de inquietudes sociales que caracterizaron a los años 60 mexicanos. Cuando surgió la movilización universitaria en 1968 Cencos empezó a cumplir una nueva misión, abierta a la sociedad, que el Episcopado no compartió, por lo que dispuso su clausura. Álvarez Icaza consiguió darle vida propia, a partir de 1969. Y desde entonces todo aquel que tenía una protesta que formular, una denuncia que hacer, una necesidad de organización, o requería defensa frente al abuso, encontró un lugar, a menudo hasta como hospedería en el domicilio de Medellín 33, en la colonia Roma, donde hasta la fecha, con diversas modalidades se defienden y promueven derechos humanos, especialmente los vinculados con las libertades de información y de expresión. Tan preocupante era el activismo de Cencos, que el brutal jefe de la Policía Metropolitana Arturo Durazo, ordenó en 1977 un asalto a su domicilio. Se pretendió que privándolo de su infraestructura y sus archivos cesara su fecunda intervención en la vida sindical y en las luchas campesinas. Como se comprueba hasta la fecha, aquel designio resultó frustrado.

Al mismo tiempo, Álvarez Icaza se percató de que la defensa y promoción de los derechos civiles tenía una dimensión política que no era dable desatender. Se unió al Partido Mexicano de los Trabajadores, encabezado por el también ingeniero Heberto Castillo con quien formó una dupla eficaz en la dirección del agrupamiento y en la única bancada que formó en la Cámara de Diputados, entre 1985 y 1988. Previamente, en el ámbito del catolicismo social Álvarez Icaza había convocado en México a los Cristianos por el Socialismo, un movimiento de comunidades y clérigos que, lejos de practicar el anticomunismo que la Guerra Fría impuso a la Iglesia, supieron que era posible y aun necesario propugnar el socialismo con rostro humano, una corriente de pensamiento y acción que desde la vertiente eclesiástica se expresaba en la opción preferencial por los pobres.

Álvarez Icaza acompañó a Castillo en sus decisiones cruciales: la de fundir el PMT con el Partido Socialista Unificado de México, del que nació el Partido Mexicano Socialista, y la de de declinar su candidatura presidencial en 1988 y sumarse a la de Cuauhtémoc Cárdenas, ingeniero también. Asumió, por consecuencia la conversión del PMS en el PRD, con cuya membresía cerró su ciclo de militancia política.

En cada etapa de su vida, se diría que en cada momento, Álvarez Icaza superó la tara que suele frenar el vuelo del espíritu en una Iglesia mayoritaria situada por lo mismo en situación cómoda, más inclinada a compartir el poder o a ser bien tratada por él, que a cuestionarlo por su distancia con las exigencias populares. Podría decirse que experimentó una conversión hacia el cristianismo como fe encarnada en la esencial igualdad de las personas, a partir de un catolicismo rutinario, más de ritos externos que de convicción profunda, si es que así hubiera vivido su juventud y sus primeros años. Pero el modo en que él y Luz María formaron a sus hijos da fe de la honda y larga autenticidad de su credo.

viernes, 26 de noviembre de 2010


Zacatecas de Monreal

El senador Ricardo Monreal pretendió que su hermano David, alcalde de Fresnillo, fuera el candidato del PRD en la elección de julio pasado, para suceder a la gobernadora Amalia García. Ella se opuso y ahora está empezando a pagar el costo político de rechazar las pretensiones del político fresnillense. Ha sido expuesta al escarnio público por presuntas irregularidades en el manejo de las finanzas públicas estatales. Se busca desprestigiar a la ex dirigente nacional del PRD, enfrentada con escasa fuerza local a Monreal, a partir de clichés mentirosos, como el que toca a la carrera de su hija Claudia Corichi. Se acusa a la ex gobernadora de haberla llevado al Senado, siendo que la legisladora ganó conforme a las reglas perredistas su postulación en la lista de candidaturas plurinominales. Consiguió únicamente el lugar número diez, y sólo la fuerza de la candidatura de López Obrador le permitió llegar al Senado.

Uno de los efectos positivos de la alternancia de partidos en el poder es que se abran las cuentas del gobierno anterior. De modo que, en principio, la vuelta del PRI al gobierno zacatecano produciría ese efecto saludable para la democracia. Sólo que se tuerce por intereses facciosos esa consecuencia del relevo de partido en el gobierno estatal. Lo muestra la celeridad en realizar actos de revisión contable, que no auditorías. Anteayer miércoles se presentaron los resultados de 23 acciones fiscalizadoras, con premura que infringe la ley de transparencia local, pues no es lícito publicar como definitivos avances en el escrutinio que apenas está en curso.

El monrealismo, con el senador petista a la cabeza, es quien ha determinado esta ofensiva contra su antecesora. Esa corriente, y no el PRI, gobierna hoy en Zacatecas. Ninguna mejor prueba de ello que la biografía del joven gobernador Miguel Alonso Reyes, quien ha trabajado casi toda su vida adulta al lado de Monreal, dependiente de él. Abogado por la Universidad Panamericana, fue asesor del legislador Monreal, cuando ambos eran priístas. Monreal era senador cuando en 1995 Alonso Reyes comenzó su colaboración con él. Siguió en ese cargo cuando en 1997 su jefe transitó de Xicoténcatl a san Lázaro y, en su carácter de vicecoordinador jurídico de la bancada tricolor fue uno de los puntales del golpe de mano con que se buscó impedir que la oposición gobernara a la Cámara. Cuando Monreal se fue del PRI para ser candidato a gobernador del PRD, en un proceso impulsado por la propia Amalia García, Alonso Reyes se mudó también de partido y fue secretario privado del aspirante, Al triunfo de su jefe fue su secretario particular y desde esa posición saltó a la alcaldía zacatecana, a que lo llevó el PRD.

Monreal pretendió impedir que su aliada fuera su sucesora, y buscó que su secretario general de gobierno Tomás Torres fuera candidato hace seis años. Torres había emigrado del PRI al PRD, del que ayer mismo fue expulsado, pues se le achaca haber contribuido a la derrota del candidato perredista Antonio Mejía Haro y participar ahora en la incipiente denostación política a Amalia García. En un afán de eliminar sus diferencias con Monreal, la gobernadora designó a algunos fieles monrealistas como parte de su gabinete. Alonso Reyes fue uno de ellos. Inauguró la secretaría de Turismo, de la que salió para ser candidato perredista a diputado local. Ocupaba una curul cuando el monrealismo cambió de rumbo: el jefe de la tribu pasó al PT y Alonso Reyes se hizo perdonar por un PRI desguanzado y sujeto a la presión monrealista, que le perdonó su defección de años atrás y no lo readmitió solamente sino que lo hizo candidato a gobernador, que con el apoyo de Rodrigo Medina y Enrique Peña Nieto, entre otros gobernadores, triunfó sobre el PRD, sobre Amalia García y sobre Mejía Haro. Para hacer más evidente el carácter monrealista de la candidatura tricolor estuvo a punto de fraguar una coalición entre el PRI y el PT, impedida a última hora por la renuencia de Andrés Manuel López Obrador a las alianzas con el PAN y el antiguo partido hegemónico.

Monreal había dejado de ser vicecoordinador de la fracción perredista en el Senado y es ya coordinador del grupo petista, posición desde la que domina la política local, que incluye influencia determinante en el PRI. La clave de ese en apariencia raro entendimiento con el tricolor, su casa de origen, se llama Arturo Nahle, que tras el obligado periodo perredista volvió al PRI y es procurador de justicia del estado, a donde llegarán los señalamientos contra los funcionarios del sexenio anterior a los que se decida procesar, incluida la propia ex gobernadora. Nahle ha trabajo muy de cerca con Monreal y con Jesús Murillo Karam: fue secretario de gobierno de cada uno de ellos, y tras de ser diputado federal perredista, ha sido secretario técnico de la Comisión de estudios legislativos del Senado, que preside el ex gobernador de Hidalgo y secretario general del PRI.

La biografía de Guillermo Huizar, cuyo dedo flamígero ha buscado quemar a Amalia García, es semejante a las anteriores. Priísta, dejó de serlo para hacerse perredista y trabajar como secretario de finanzas de Monreal, para ser después diputado federal perredista. Luego, como su jefe, mudó de domicilio partidista, al PT, antes de ser contralor del gobierno estatal, previa su reinserción en el PRI zacatecano.

Amalia García es apoyada en este trance por Jesús Ortega, no por solidaridad sino porque su caso es ahora parte de la disputa entre Los chuchos y López Obrador.